El 22 de septiembre de 2015, el condado canadiense de Renfrew fue presa del terror ante el anuncio del brutal asesinato de tres mujeres, todas ellas excompañeras del autor de los hechos. Estos crímenes atroces dejaron una herida profunda en la comunidad rural del valle de Ottawa, donde creció el barítono Joshua Hopkins. Su hermana, Nathalie Warmerdam, formaba parte de las víctimas. En colaboración con el compositor Jake Heggie y la escritora Margaret Atwood (The Handmaid’s Tale), el cantante ha trasladado su duelo y su tristeza a Songs for Murdered Sisters, una condena de toda forma de violencia vinculada al género.
A este ciclo de canciones responde por contraste el ciclo Frauenliebe und-leben de Robert Schumann, interpretado por la mezzosoprano Niamh O’Sullivan. Compuesto como regalo de bodas para su amor de juventud, Clara Wieck, Schumann traza allí un retrato de la devoción femenina en ocho cuadros: desde la admiración silenciosa de una joven por el hombre con el que espera casarse, pasando por el compromiso, el matrimonio y la maternidad, hasta el duelo de su marido. Pero, ¿cómo resuena todavía, en 2026, este ideal del siglo XIX?
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