De regreso en su pueblo a orillas del Tyrreense Zee, Arthur se reúne con su banda de Tombaroli, saqueadores de tumbas etruscas y maravillas arqueológicas. Arthur tiene un don que puede aprovechar bien para sus amigos bandidos: puede sentir el vacío. El vacío de la tierra en la que yacen los restos de un mundo pasado. El mismo vacío que dejó en él el recuerdo de su amor perdido, Beniamina.