In Ballroom vive Alguien en una repetición interminable: cada día las mismas bolas en el mismo recipiente. Para no volverse loco, Alguien comienza a lanzar, con cuidado, luego más salvajemente, luego casi mágicamente. Las bolas dibujan trayectorias largas y elegantes por el espacio, pero a veces sale mal. ¿Cuánto mal puede soportar una persona?
Entre la monotonía y la imaginación, Alguien busca una nueva dimensión para escapar del gris y, a veces, lo logra maravillosamente.
El público se sienta en un camión convertido con una decoración de hormigón del artista Lodewijk Heylen. Allí, Stijn Grupping, llevado por los sonidos de Jochem Baelus y Frederik Meulyzer, crea una danza hipnótica de pelotas saltarinas: precisa, juguetona y francamente fascinante.