Imagine un país, apegado a sus tradiciones y a su cultura milenaria, que da un salto hacia la modernidad y la globalización. Muchos son los que conocen Tailandia a través de sus playas, sus islas, sus templos, sus elefantes, su comida y su Bangkok futurista que se extiende hasta donde alcanza la vista. Pero pocos saben que en él subsiste una población frágil que lucha por su supervivencia y por su cultura.