Un festival que, cada otoño, explora una quincena de lugares en Bruselas que acogen una cincuentena de conciertos. Es decir, otros tantos golpes de proyectores sobre la diversidad, la originalidad y la innovación de la escena musical belga ante todo, pero también francesa, suiza, quebequense y franco-canadiense, todos estilos confundidos.
Y el resto del año, un Recorrido de acompañamiento de artistas orientado sobre el sonido y la escena, que se organiza alrededor de residencias, de citas y de consejos.