Con ‘SCHWEINEREI’, el creador teatral Lieselot Siddiki crea un viaje grotesco, sensual y musical sobre la inocencia, el exceso y la tentación de la ruina. La representación es una bacanal barroca al borde del abismo: una última fiesta antes del matadero. Hace aparecer a tres figuras icónicas – Marie Antoinette, Michael Jackson y Mozart – como niños eternos: prodigios de su tiempo, pero también monstruos, blanco de burlas, lujuria e ira. Sus paraísos (Versalles, Neverland, …) no son oasis de inocencia, sino jaulas cuidadosamente escenificadas. Están atrapados en un cuento de hadas enfermizo.
La música para piano de Mozart constituye el corazón palpitante de la representación. Sus sonidos – juguetones, infantiles, brillantes, sobrenaturales – acompañan el espectáculo como una tentación y una advertencia al mismo tiempo. La música nos arrastra a un estado de sueño, mientras la tensión subyacente aumenta. Las armonías de Mozart parecen inocentes, pero acompañan el ritual como un sueño febril que se vuelve cada vez más amargo. Su música ilumina y adormece, consuela y oculta.
En este universo, Marie Antoinette también recibe una nueva lectura: no solo como símbolo de decadencia, sino como un cuerpo femenino que durante siglos ha sido convertido en monstruo. Fue ridiculizada por ser demasiado vacía, demasiado hermosa, demasiado sexual, demasiado cruel, demasiado inocente; todo a la vez. Es tanto princesa como pantalla de proyección: víctima de la misoginia y de la política del espectáculo. En ‘SCHWEINEREI’, su cuerpo no es restaurado, sino reclamado: como arma, como mito, como carne.
Inspirado por el mundo grotesco de Rabelais, el pensamiento carnavalesco de Bajtín y la estética unheimliche de artistas como Mike Kelley y Paul McCarthy, Siddiki construye un universo en el que lo infantil y lo monstruoso se funden. Un juego cortesano con flautas de porcelana en el trasero, un jardín del Edén lleno de juguetes, cerdos y narices de payaso. Donde, bajo la espesa capa de esmalte, algo oscuro burbujea. La revolución se acerca.
‘SCHWEINEREI’ es una representación sobre el fin de un orden mundial, y lo que viene después. Un espejo de nuestro tiempo, en el que la decadencia y la revolución se abrazan. Porque, ¿qué sucede cuando el exceso se vuelve incontrolable? ¿Cuando el paraíso resulta estar podrido por dentro? La historia enseña: donde florece la decadencia, la revolución llama a la puerta.
‘SCHWEINEREI’ no ofrece consuelo. Ni lección. Ni moraleja. Es una advertencia en forma de espectáculo. Un ritual. Una purificación. Un sueño febril. La mesa está servida. La carne está caliente. La música es divina. Afuera, el pueblo golpea la puerta.
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