Los ermitaños eran conocidos por un lado por su compromiso con la sociedad y, por otro, llevaban una vida retirada en un entorno verde. Practicaban las ‘obras de misericordia’. La ermita de Vrijhern tiene una hermosa capilla y una vivienda de ermitaño intacta donde, después del paseo, se puede disfrutar de café, tarta o sopa.