¿Cómo transponer sobre el suelo del espacio escénico todas las huellas que deja, durante una hora, una pieza coreográfica? Difícilmente realizable, esta obra gráfica única haría visibles miles de huellas. Líneas rectas se superponen a curvas. Una red de manchas se entrecruza, se fusiona para disolverse y surgir de nuevo. Esta obra gráfica se acercaría a una acumulación de logogramas de Christian Dotremont, letras danzantes, o de lienzos de Jackson Pollock, laberintos coloridos e inextricables, o incluso de grafitis que cubren las paredes de nuestras ciudades. Tantas propuestas para inventar partituras coreográficas a partir de huellas existentes. Lignes de fracture cuestiona también otras huellas, las inscritas en los recorridos de vida de mujer de cada una de las intérpretes, e intenta hacer dialogar estas diferentes generaciones entre sí. Un proceso de intercambio que invita a reflexionar sobre la evolución del lugar de las mujeres en la sociedad de hoy, a remover los puntos de vista y a tejer lazos de complicidad. El concepto de «danza/cine», marca de fábrica de la coreógrafa, la ha llevado a deconstruir las nociones de espacio y tiempo. Esta vez, sin recurrir a la imagen filmada, busca cómo reinventar estos cambios entre diferentes espacios perceptivos tan evidentes en el montaje cinematográfico, únicamente por el movimiento y la presencia de las intérpretes, la luz y el sonido. Michèle Noiret nos ofrece una pieza con texturas múltiples que anuncia como la última que crea con su compañía. Una última pieza, no como un adiós, sino como una nueva apertura, el eterno cuestionamiento del proceso creativo. En co-presentación con Charleroi danse
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