El mandato del presidente Mariano De Santis llega a su fin. Se le llama burlonamente “Cemento armato” (hormigón armado), debido a su carácter rígido y su estilo político excesivamente cauteloso. En los resonantes pasillos del palacio presidencial lleva una existencia solitaria, lamentando la pérdida de su esposa y escuchando hip-hop. Antes de regresar a la vida cotidiana, De Santis debe tomar una serie de decisiones audaces: dos solicitudes de indulto presidencial y un proyecto de ley innovador. Estos determinarán su legado para siempre.