Cuando aún es estudiante, Hana se enamora de un "hombre lobo" y tienen juntos dos hijos mitad humanos, mitad lobos, Ame y Yuki. Su felicidad se ve bruscamente interrumpida cuando el padre es trágicamente asesinado. Mientras lucha por criar a sus hijos en el caos urbano, Hana toma la valiente decisión de mudarse a una casa de campo en ruinas, esperando que sus hijos puedan algún día elegir su propio camino hacia la felicidad, ya sea como humanos o como lobos.