Se cuenta que el azul fue durante mucho tiempo imperceptible para los antiguos griegos: en la Ilíada, Homero compara el color del mar con el del vino... Más tarde, solo al nombrarlo pudieron distinguirlo, aunque siempre había impregnado su horizonte. Del mismo modo, la mayoría de los hombres crecen integrando en su armadura de niño las virtudes esperadas «como hombre». Desde muy pequeños, esta masculinidad es la única partitura que se les da: sus códigos, sus reglas, sus mandatos —y que interpretan, sin preguntarse nunca de dónde viene el guion. Este espectáculo explora la masculinidad y sus contradicciones. Tomando prestado del music-hall su esplendor, de los tablados su sencillez, siete jóvenes actores y actrices cuestionan el espectro de las opresiones masculinas, pero también otras formas de estar juntos, liberadoras y colectivas. Vivo, festivo y ardiente.