Desde los años 1990, Meg Stuart coreografía, baila e improvisa con una curiosidad inagotable. En este trío, al lado del bajista Doug Weiss y de la pianista Mariana Carvalho, abre un diálogo entre memoria física, música y movimientos, donde los cuerpos y los instrumentos entran en resonancia. Es una obra intimista, casi como un concierto en apartamento, inspirada por el modelo de una balada. Meg Stuart tira de hilos invisibles, estira o proyecta su movimiento, juega entre explosividad, espirales voluptuosas y piques nerviosos lanzados en el espacio. Los dos músicos y sus instrumentos son también cuerpos físicos que toman el espacio, lo llenan con sus sonidos y sus presencias. Desde entonces, esta creación toma forma, una nota y un gesto tras otro, creando una suma de puntos vivos. Los movimientos rebotan en los sonidos, que hacen vibrar el esqueleto, los músculos y el imaginario. El todo teje un lienzo de investigación en acción, una danza viva que se escribe al hilo de la música. Este trío se convierte así en un grupo en alerta, atento a los entrelazamientos entre música y danza, para crear una experiencia sensorial intensa, delicada y vibrante a la vez.