Junio de 1940. Francia se rinde ante el ejército alemán y firma el armisticio. En medio del caos, un hombre se niega a aceptar la situación: el general de Gaulle. Como flamante enemigo del estado, huye —sin apoyo del ejército ni esperanza— a Londres para recoger los pedazos de su patria caída. De Gaulle tiene una fe inquebrantable: una nueva Francia libre y una Europa que no depone las armas contra la Alemania nazi.