BREAKFIX se basa en los principios del arte japonés kintsugi, donde la rotura y la reparación forman parte de la historia de un objeto y no deben ocultarse. BREAKFIX es un dúo con muchas caras, un espectáculo que es a la vez personal y anónimo, íntimo y en busca de los ausentes. Es una historia que tartamudea y se agrieta, con piezas faltantes que crean agujeros en el archivo, en la carne, en la mente. La obra se nutre de la imaginación de la recuperación en la psicología y se pregunta cómo sobrevivimos a lo que nos rompe y cómo reconstruimos el significado después de una ruptura. Lo que emerge es un paisaje frágil, provisional y constantemente recreado de textos y objetos que resuenan con pérdida y resiliencia. La recuperación no es un retorno a lo que era, sino el comienzo de algo nuevo. Para encontrar momentos de paz, incluso si sale mal una y otra vez. El concepto de ‘roto’ es muy subjetivo. El proceso de curación también es una experiencia personal. Para algunos, el disfuncionamiento puede ofrecer una sensación de libertad que en sí misma es una forma de recuperación. ¿Funcionamos mejor si todo va sobre ruedas, o nos sentimos más vivos cuando las cosas se tambalean, dudan y son tentativas? La inspiración para este proyecto proviene de la investigación previa de Nada Gambiers sobre justicia restaurativa y métodos de intervención suave, de Wabi-Sabi (la filosofía japonesa que celebra el proceso de envejecimiento con el lema ‘nada dura para siempre, nada está completo y nada es perfecto’) y de la obra Err de Jeremy Hutchison.