Unos días antes, nos encontramos con los veraneantes y el personal: están Zack y su mamá Billie, recién divorciada, que no logra desconectarse de su trabajo. Mme Rouvroy, clienta habitual, acompañada de su marido... ¡cuyas cenizas descansan en una urna que lleva a todas partes! Michel, que solo tiene ojos para su reluciente coche de carreras, y su esposa Birgit, que se consuela con Bobby, su fiel spitz alemán.
Atrapados en sus obsesiones, los adultos nunca se cruzan. Hasta que un día los niños los llevan fuera del hotel, para asistir a un momento de asombro como la Naturaleza puede ofrecer a quien sabe verlo.