Après Laika donde el narrador cuenta lo que ha visto y Pueblo donde cuenta lo que imagina, Rumba viene a cerrar la trilogía de los pobres diablos retratados por el verbo resistente y poético de Celestini y la intensidad del juego de David Murgia. Esta vez, desciende al aparcamiento con Pierre y su acordeón. La historia se desarrolla la noche de Navidad, bajo un cielo estrellado. Los relatos hacen surgir las siluetas de los precarizados que nos obstinamos en no querer ver, mientras se dibuja en filigrana una versión contemporánea de la historia de san Francisco de Asís… ¿A quién se cruzaría hoy en el aparcamiento de un supermercado?