¿Y si, en lugar de un entierro, ofreciéramos una fiesta? Es la hermosa promesa de Ilyas Mettioui que responde a la muerte de su padre con un proyecto singular, sensible, entre música, cine de animación y teatro. Warda hace la apuesta de captar lo inasible: Ilyas se sumerge en su memoria sensorial fallida, se hace explorador de su propio cerebro para encontrar el camino del último intercambio con su padre. Ha impreso todas las imágenes, pero falta el sonido. ¿Y si la ficción fuera la clave para remontar el hilo de este momento bisagra de su existencia?
Para acompañarlo en este viaje, Ilyas invita a la dibujante de animación Lia Bertels y a la artista Sihame Haddioui. Tejen con él un mapa del tesoro que se fabrica en directo, mezclando sonidos, dibujos, relatos, donde se trata de desplazar el recuerdo, reordenarlo, darle el lugar que merece.
Warda en árabe designa una flor, pero también a los seres amados, aquellos y aquellas que nos son queridos/as. La delicadeza de esta polisemia nos dice todo de esta creación luminosa, arrancada al dolor y a la melancolía. En este ritual íntimo, cada representación será única, los sonidos reinventados en directo ante nosotros.
En un impulso de vida que caracteriza su trabajo, Ilyas Mettioui nos habla de su vínculo de filiación, de lo que su padre le dejó como herencia: la cultura masculina específica de los transclases, las heridas transgeneracionales, la capacidad extraordinaria de adaptación de aquellos y aquellas que no crecieron con todas las cartas en la mano.
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