Dialogar con imaginarios de contornos extraños, componer un álbum de figuras singulares, torcerlas, tales son los gestos coreográficos que profundiza Latifa Laâbissi, pieza tras pieza. Al lado del cantante y músico Walid Ben Selim, ella invita aquí a fantasmas a codearse con los vivos, en el espacio de una danza poblada de criaturas flamboyantes. Es una nueva creación atravesada por presencias, fantasmas y persistencias que se abre en forma de ronda. La ritornela es aquí un motor: estribillo embriagador, retazos de infancia, como una materia sonora fantasma, inicia el lienzo de una danza que se teje al ritmo de transformaciones sucesivas. Por la poesía de sus palabras y de su música, Walid Ben Selim abre umbrales de percepción, mientras que la escenografía de Nadia Lauro teje un espacio propicio para acoger metamorfosis y resonancias. Irrigada por las transmisiones subterráneas de la cultura amazigh, Flaming Creatures despliega una memoria viva, donde danza y música se convierten en potencias de aparición. Gestos surgen, cargados de destellos de memoria, cantos antiguos afloran. Relatos circulan entre los cuerpos, las voces y las danzas, bordando una multiplicidad vibrante a partir de materias enterradas.