A raíz de una gran travesura, Rudy es condenado a hacer compañía a Selma, una abuela cascarrabias. El muchacho descubrirá el singular universo de la vieja anarquista, su gato Underwood, su pasión por las cartas anónimas. Estos dos seres salvajes aprenderán a domesticarse mutuamente, a base de arañazos y ternura, encarnando a todos aquellos y aquellas que se creen marginados, que tienen dificultades para percibirse a sí mismos como una historia que merece ser compartida...
Desde el texto hasta la intriga pasando por la escenografía, Petite Frappe habla de la relación con la lengua, con la carta, con el papel, y revela cómo el aprendizaje de las palabras y de las emociones puede salvarnos de la incapacidad de considerarnos dignos del verbo.
De 10 a 15 años.