Desde hace treinta años, Olga de Soto trabaja sobre los temas de la memoria, de la huella y de la transmisión. Y vuelve aquí sobre la huella dejada por Le Jeune hombre y la muerte, ballet de Roland Petit creado en 1946 en el Teatro de los Campos Elíseos. Una vídeo-performance documental donde el pasado vibra en el presente. Investigadora tanto como coreógrafa, Olga de Soto explora sin descanso lo que, en la danza y más allá, deja huella. En 2002, Culturgest, en Lisboa, la invita a inclinarse sobre esta pieza convertida en mítica, creada a partir de un argumento de Jean Cocteau e interpretada por Jean Babilée y Nathalie Philippart. «¿Cómo rendir homenaje a un espectáculo que no he visto realmente?», nota la artista en su diario de a bordo. Pero la idea hace su camino, la búsqueda germina. La investigación, incluso, que la lanza sobre la pista del público del estreno y de sus dos intérpretes, y dará nacimiento a histoire(s) – en mayo de 2004 en el Kunstenfestivaldesarts. A 80 años ya de la eclosión del Joven hombre y la muerte, las preguntas permanecen vivas en cuanto al filtro de los recuerdos, a la remanencia de las emociones, a la impregnación del espíritu por un arte que se dice fugaz. Condensando la fuerza del archivo a la del relato, histoire(s) reactiva, mediante esta nueva reposición, el poder de la huella.