Laurent termina en una estación de esquí desierta fuera de temporada, abrumado por la ansiedad. La única razón por la que está allí —y no en otro lugar— es porque la novia de su hermana tiene allí un apartamento familiar desocupado. Desde encuentros improbables (la maravillosa Béatrice Dalle) hasta una aventura romántica más o menos fallida con un fotógrafo local, la película resulta a menudo divertida y estrafalaria. Su mayor virtud es su capacidad para combinar esta farsa con momentos de intensa melancolía, ternura y desesperación. A veces recuerda a Guiraudie, pero con más dulzura, calidez y gracia.