Cinco intérpretes y un músico-actor abrazan el instante para entregar una oda lúdica y sensible a lo efímero, a lo frágil, a lo que se consume y a lo que se niega a terminar. En la estela de Landfall, Erika Zueneli modula el espacio y el tiempo para mantener abierto el campo de las posibilidades. ¿Y si resistir a la dureza ambiental pasara por la ineficacia? ¿Y si abrir, no terminar, devolviera a la época su parte de esperanza? Desbaratar las expectativas, celebrar la fragilidad, atreverse con el desfase y la digresión: con la modestia de las margaritas como subtexto, y el deseo del instante como brújula, la nueva obra de Tant’Amati plantea como principio la ambivalencia de la ligereza, de la inocencia, de la simplicidad en un mundo intensamente brutal. Erika Zueneli reencuentra allí a una parte de los jóvenes intérpretes de Landfall y a su cómplice de larga data Sébastien Jacobs, que esculpe en directo un paisaje sonoro hecho de palabras y sonidos, de melodías barrocas, de rock francés, de canción italiana. En un juego de marcos, de opacidad y de transparencias, de aparición/desaparición, de sorpresas gestuales y textiles, una focal móvil esboza cuadros fugaces donde, en cada instante, lo familiar encuentra lo inesperado.