En Je bent een gedicht, Mokhallad Rasem, junto con los Tartaren, busca poesía en un mundo que se tambalea. Porque la gente vaga. No porque estén perdidos, sino porque el mundo los ha dejado ir. La obra se dirige a quien pierde su dirección por las circunstancias y busca un espacio poético en una realidad dura. Así surge un diálogo: un encuentro donde personas perdidas sueñan con un mundo poético — o donde un mundo perdido anhela al ser humano poético. En Je bent een gedicht, el espacio teatral y el entorno físico trascienden el término ‘decorado’ y se convierten en socios que respiran. Determinan cómo se tocan las personas y qué puede surgir. Los objetos adquieren significado; se investigan espacios y relaciones: habitaciones abandonadas, objetos dejados atrás, amores olvidados. ‘Abandonado’ recorre la obra como un hilo conductor. No como un punto final, sino como una oportunidad para volver a insuflar vida a lo que se ha detenido. Como un instrumento que vuelve a respirar y hace surgir un nuevo mundo.