En un cabaret en ruinas, devastado por las llamas, como un Berlín de posguerra filmado por Fassbinder, cuatro intérpretes proponen un número ante un público inexistente. Casi se dudaría de que realmente actúan, quizás se trate de ensayos generales. Un doctor, una periodista, una estrella y un policía –cuatro figuras de autoridad– se entregan en un escenario improvisado. La autora se interesa por el deseo como potencia subversiva. El cabaret representa aquí la emanación de una fuerza marginal y contestataria. Cada personaje encarna una figura de poder en el número de cabaret propuesto; poco a poco esta figura implosiona a causa de la intensidad de sus propios sentimientos. Le Mauvais sort se inclina sobre lo que el deseo representa en nuestras sociedades, y sobre la manera en que perturba el orden establecido. En un espacio que parece haber resistido al fin del Mundo, donde el negro se declina en diferentes gamas, texturas y materias, los personajes revisitan un repertorio musical familiar entregándonos sus corazones. Le Mauvais sort es una obra de anticipación. El deseo es aprehendido en una dimensión nueva: su relación con el poder y las estructuras. Aquí el eros es un agente del caos en lo que viene a perturbar; la norma es invertida.