Durante mucho tiempo, los saberes ancestrales han sido asociados a las cosmologías indígenas, a su concepción no lineal de la memoria, de la tierra y del tiempo. Su reapropiación se ha convertido en un gesto esencial de supervivencia y resistencia después de siglos de desposesión. Las culturas occidentales, por su parte, a menudo han exotizado estas formas de transmisión, negando al mismo tiempo la presencia y la posibilidad misma de una ancestralidad propia. A través de sus obras, los artistas expuestos se interrogan sobre lo que significa estar conectado o desconectado de aquellos que nos preceden, y sobre la manera en que estas dos experiencias pueden abrir el camino a otros futuros.
Para los artistas indígenas, la ancestralidad es una práctica viva, un acto de resistencia anclado en la responsabilidad de transmitir: preservar la tierra, la lengua, el linaje. Sus obras llevan la huella de los efectos persistentes del colonialismo y de la destrucción de los medios de vida.
En los artistas occidentales, la exploración de la ancestralidad toma caminos variados. Algunos parten de la pérdida: el olvido, la ruptura, o la conciencia de una complicidad heredada en la violencia colonial. Otros buscan hacer resurgir saberes enterrados: prácticas populares, tradiciones paganas, conocimientos locales borrados con el paso del tiempo. Se trata de interrogar la reconexión con sus huellas, de volver a tejer vínculos interrumpidos.
Es en este espacio compartido, donde diferentes concepciones de la historia conviven, que Becoming Ancestors hace nacer un diálogo. La exposición invita a reflexionar sobre las herencias que nos moldean, pero también a reimaginar el futuro a partir de elecciones conscientes en lugar de esquemas dados por sentado.