Kikuo tiene quince años cuando pierde a su padre en una disputa. El jefe de la Yakuza, Hanjiro, lo acoge entonces en su casa. Allí, Kikuo y el hijo de Hanjiro, Shunsuke, son criados como hermanos. Gracias a su buena amistad y rivalidad, consiguen hacerse mejores mutuamente y dedican su juventud al arte. Un día, su destino se ve trastocado cuando Hanjiro, que termina en el hospital tras un accidente, designa a Kikuo en lugar de a Shunsuke como su sustituto.