Gabrielle Mogenet propone en los invernaderos una experiencia íntima y centrada. Operando un retorno al espacio del bastidor, la artista despliega allí un trabajo minucioso de ensamblaje donde la pintura tradicional se mezcla con textiles teñidos, cosidos y luego tensados. Un recorrido más táctil, que da protagonismo a los accidentes y a la transparencia. Sus lienzos no cuentan una historia: contienen miles, superpuestas como memorias imposibles de clasificar. Es la euforia, la embriaguez de los fenómenos alegres que abundan en su experiencia de una especie de maravilloso salvaje. La mirada entra en la pintura como se entra en una multitud o en una abundancia: sin centro, sin descanso, atrapada por interfaces que se cruzan. Y en el corazón de este caos minucioso, a veces aparece una respiración.\n\nTodo se juega en la tensión discreta entre luz y desaparición. Gabrielle Mogenet trabaja la ausencia tanto como la presencia. Escudriña las capas de lo visible como quien busca un recuerdo enterrado bajo el polvo de los años. Cada lienzo parece contener algo que se niega a entregarse por completo.\n\nSus colores apagados, sus transparencias y sus borrados sucesivos confieren al conjunto una profundidad meditativa: la de estar frente a una imagen que está desapareciendo o quizás naciendo. Como si la pintura retuviera aún el último aliento del sueño antes de despertar. ¿Hemos llegado antes o después de este fenómeno?\n\nComisariado: Grégory Thirion