En el escenario, apila capas sonoras como se superponen filtros. Como un juego de lego musical construido con ladrillos sonoros: saxofones potentes, ritmos electro, percusiones bricoladas, ruidos de objetos, voces en francés y en inglés. Eso suena, eso flota, eso se agita.
Nacido en el sur de Francia, ha recorrido mucho camino sin olvidar nunca su instrumento fetiche, el saxofón que lo acompaña a todas partes. Su proyecto musical nació en Londres a finales del siglo pasado y se mejora hoy en Bruselas: dos ciudades cosmopolitas que agregan los sonidos del mundo. Durante todos estos años, ETMO ha llevado sus máquinas y sus saxos por Francia, Inglaterra, Bélgica, Taiwán. A veces solo en medio de sus instrumentos, a veces rodeado de invitados (percusionistas, pianistas, saxofonistas), crea verdaderos paisajes sonoros: cerramos los ojos, pasamos de un club techno a una orilla lejana, de un texto susurrado a una big band fantasma. Sus piezas tienen aires de relatos: pocas palabras, pero imágenes llenas en la cabeza, como una banda sonora para una película que cada uno se inventa.
En vivo, ETMO es un OVNI entrañable: un músico inclasificable, entre jazz, electro y trance, que llena el escenario sin hacer demasiado, capta al público en una burbuja colorida e íntima, luego lo suelta suavemente. Un concierto que hace viajar con palabras y que sobre todo da ganas de volver.
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