En 1932, Kurt Schwitters realizó con su poema sonoro monumental Ursonate una de las obras icónicas del dadaísmo. Casi un siglo después, Simon Steen-Andersen vuelve a trabajar con este material, donde Michael Schmid sale de su papel de flautista para reinterpretar el bombardeo vocal de sílabas hasta convertirlo en una fiesta de sonido primitivo.\n\nCon puesta en escena, electrónica y vídeo, Steen-Andersen lo convierte en una experiencia total para estos tiempos post-dadaístas (pero no por ello menos absurdos).