En el escenario, dos bailarines y dos músicos tejen un diálogo intenso entre ritmos árabe-andaluces y música electrónica. Un gesto tenue venido de la pelvis de los bailarines, al principio imperceptible, lleva al público a un trance embriagador. Llevada por cuerpos precisos y potentes, la pieza debe vivirse como un concierto coreografiado que celebra la alteridad, nexo de unión entre tradición y modernidad.