Es una obra casi indescriptible como las emociones enterradas en el fondo de uno mismo. Un marasmo que resulta de una porosidad al mundo, como si todo el amor y toda la violencia de este hubieran encontrado un espacio definido para ser regurgitados. Cuerpos se mueven en el escenario, a veces juntos, a veces por separado, determinando un espacio de cuidado, a la vez secreto y compartido. Spine of Desire es un gesto de ira y de esperanza. Si se tratara de un momento preciso de un día, sería el instante inasible entre una noche que termina y un día que tarda en nacer. Toda la luz que atraviesa el espectáculo convoca este momento suspendido que ahuyenta las últimas sombras nocturnas. Obsesiones, tristeza y melancolía se mezclan con la alegría y la embriaguez de una fiesta interminable. Algunos objetos familiares encarnan las reminiscencias de un jardín criollo, territorio propio, o se convierten en el espejo de una oscuridad a expiar. Los cuerpos de Stanley Ollivier, Lily Brieu Nguyen y Mamadou Wagué traducen tanto la angustia como la resiliencia, tomando prestados en particular los pasos de un footwork cíclico. El cuidado es tratado en todas sus dimensiones físicas y mentales: de lo intangible denso y texturizado a las máscaras para el rostro. Spine of Desire es a la vez un grito y una búsqueda. Un relato tejido a partir de historias individuales y experiencias comunes. La danza inicia allí un ritual de curación colectiva. Creando un espacio-tiempo sin contornos precisos, este trabajo coreográfico depende tanto de una lucidez sofocante como de un trance liberador.