En 1926, Sovjetpsychiater Soechareva funda una escuela para niños neurodivergentes. No los describe como ‘trastornados’, sino como dotados, e introduce el término “autismus”. Cien años después, un director, recién diagnosticado con autismo, reúne a diez intérpretes neurodivergentes. Juntos forman un conjunto único que invita al público a mirar la diferencia de otra manera y a hacer espacio para todos.