¿Con qué frecuencia ves cosas de las que piensas: “¡Vaya, eso es ridículo!”
Ropa que es mejor no usar el día que recogen la basura. Peinados y bigotes que solo veías en un campo de fútbol en los años 80. La música favorita de tu vecino y el volumen al que la pone: ¡RIDÍCULAMENTE ALTO! El color de su coche: naranja. Las estatuas en su jardín delantero: gnomos. ¿Esas elecciones de otras personas? ¡Ridículo!
Yo, por otro lado, siempre he tenido buen gusto. Nunca tomo una decisión equivocada. No puedo recordar ni un solo momento en mi vida del que me avergüence.
Sin decisiones equivocadas en cuanto a ropa o peinados, ¡ciertamente no en mi pubertad! Sin comportamiento patético y pretencioso para seducir a una mujer. Sin mentiras sobre libros que supuestamente he leído para impresionar a ‘personas interesantes’.
¡Nunca soy ridículo!
Creo.