Punto, coma, otra línea. Cumple 90 años, mi madrecita, y también se está quedando ciega. Desde el año pasado vive, según sus propias palabras, de nuevo en una residencia, en un asilo. No ha perdido su sentido del humor, pero debemos saberlo: cuanto antes se convierta ella misma en parte de su colección de esquelas, mejor. Mejor hoy que mañana. Es más, repite su deseo en cada visita: "¿Puedo morir, hijo?". ¿Y qué hace el hijo? Le regala la eutanasia por su cumpleaños. Punto, coma, otra línea. Comedia sobre la eutanasia, un tema de actualidad. Texto, música e interpretación | Wim Claeys