“El arte, para mí, es un lugar de intercambio donde se expresa la percepción sensual del mundo, su realidad tangible, unida al insondable misterio del tiempo, a su inasible transcurso”. Es el dominio poético de los interrogantes: el ser en su tierra, el pensar, el mirar. Totalmente volcada en la observación, mi pintura se enamora de los silencios cautivos en el recodo de un jardín, en el marco de un ventanal, en el abandono de una herramienta.
Guillaume Apollinaire, poeta de la modernidad, sugería “reencantar el presente”. ¿Sería hacia eso a lo que tiende mi trabajo artístico? Tal vez.