¡Es el caos de la creación lo que se revela!
Estas figuras fantásticas y fantaseadas son convocadas por un actor, solo en el teatro, lidiando con una obra en proceso y aún naciente. El actor-creador se propone, para hacer frente al desorden y a la confusión artística, salir del bucle de la repetición, buscar la línea de fuga, transformarse a través de lo que uno crea, incluso a riesgo de abrazar el tanteo y el extravío.
En medio de este mosaico improbable, la figura central de Crusoé, creador demiurgo de un mundo-isla-taller-teatro, cuestiona la poderosa herencia del mito de la persona occidental: voluntarista, empeñada en modelar el universo que la rodea a su imagen.