¿Y si dejáramos por un instante de ceder nuestro imaginario a la fatiga de los relatos distópicos? ¡Basta la preferencia distópica!
¿Y si diéramos un paso al costado, para reabrir el campo de las posibilidades?
Es hora de tomar el camino contrario a esta idea tenaz según la cual sería más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo. Otras vías existen, y ya han comenzado a escribirse. El pasado lleva su rastro. Está atravesado por utopías que un día tomaron cuerpo. Tras ellas nada es más evidente que esto: ¡nuestro futuro también puede ser deseable!
Les invitamos a hacer este movimiento juntos: mirar detrás, delante y alrededor de nosotros, para reabrir el imaginario y esbozar otras maneras de pensar y de hacer. Soñar un futuro deseable es ya empezar a hacerlo posible.