En 1926, George Gershwin tiene 28 años cuando decide ir a París para seguir la enseñanza de Maurice Ravel. El encuentro es cordial y caluroso, pero la idea de tomar clases se desvanece rápidamente: «¡Mejor ser un Gershwin de primera categoría que un Ravel de segunda!». Regresa a casa con bocinas parisinas en sus maletas. Dos años más tarde, las integra en la orquestación de su American in Paris, verdadera oda efervescente a la Ville Lumière. Gershwin transpone allí en música los bulevares animados, los monumentos a lo largo del Sena, los cafés y la vida nocturna parisina, en una rapsodia expresiva e irresistiblemente rítmica, puntuada por un sutil toque de jazz.
Una década más tarde, Manuel Rosenthal, él mismo alumno de Ravel, recibe de los Ballets rusos de Montecarlo el encargo de una nueva música de ballet. Mientras los acompaña durante una gira americana, el parisino orquesta una adaptación de la opereta La Vie parisina de Jacques Offenbach, entregando una partitura que traduce a la perfección la ligereza y el encanto de las noches en la capital francesa. Ritmos endiablados, valses delicados, romances fugaces y champán hasta el amanecer: ¡el año 2027 se anuncia bajo el signo de la alegría de vivir, con acentos de titis parisinos!
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