En 1881, el escultor funerario Ernest Salu hizo construir, no lejos del cementerio de Laeken, unos talleres que no dejarían de ampliarse con el paso del tiempo, hasta su cierre en 1984. Al principio, el taller apostaba por una creación artística y exclusiva que solo era accesible a una élite adinerada. Cuando la sociedad se democratizó, los monumentos funerarios se convirtieron cada vez más a menudo en productos de «catálogo» y el taller Salu se esforzó por responder a esta evolución. Hoy en día, los edificios han sido acondicionados como museo de arte funerario por la asociación sin ánimo de lucro Epitaaf. Descubrirá un lugar fuera del tiempo, lleno de esculturas funerarias de la época Art Nouveau y Art Déco. Prolongaremos la visita por el cementerio de Laeken, el cementerio más antiguo de Bruselas aún en funcionamiento, famoso por la excepcional riqueza de su patrimonio escultórico.