En el escenario: una mujer y un hombre. Una actriz y un músico.
La música, el cuerpo y las palabras cuentan juntos la historia de una figura, que es tan colorida que parecen haber varios personajes en el escenario. Veerle y Bo se lanzan a la interacción entre ellos y el público. En plena entrega a la narración, se atreven a flotar, sudar, ceder y a veces sucumbir.
El campo de tensión en el escenario contrasta con la burbuja aislada en la que se ha retirado el personaje principal. Afuera era demasiado rápido, demasiado ruidoso, demasiado exigente, demasiados roles... Adentro hay rutina para llenar el vacío: hey Google, YouTube, chat GPT... Adentro ella es libre, la Emperatriz en su reino: supermujer, inalcanzable, enfant terrible.
Entonces su puerta se abre un poco... Ella, desconectada y reemplazable, ¿se enfrentará a la confrontación?
Inspirado por el fenómeno hikikomori, donde las personas rara vez abandonan su casa o habitación.