¡Enigmático, flamboyant, místico y a veces mítico, Personarama invade el escenario de un teatro con estas figuras de una estética inquietante y conmovedora!
En el escenario aparecen: una periodista-pájaro, la muñeca de Lacan, tres demonios, una directora de escena variopinta, una criatura mitad macho cabrío mitad hombre, un unicornio negro... y Robinson Crusoé acompañado de sus compañeros de isla.
¡Se revela el caos de la creación!
Estas figuras fantásticas y fantaseadas son convocadas por un actor, solo en el teatro, enfrascado en una obra en ciernes y todavía naciente. El actor-creador se propone, para hacer frente al desorden y a la confusión artística, salir del bucle de la repetición, buscar la línea de fuga, transformarse a través de lo que se crea, aun a costa de abrazar el tanteo y el extravío.
En medio de este improbable retablo, la figura central de Crusoe, creador demiurgo de un mundo-isla-taller-teatro, cuestiona la poderosa herencia del mito de la persona occidental: voluntarista, empeñada en modelar el universo que la rodea a su imagen y semejanza.