Pequeñas historias de nada y de todo, por el placer de estar ahí, juntos, de saborear las nubes que pasan, una libélula que se posa, caminos que se cruzan.
Y en cada recodo, un asombro secreto por compartir, una sensación de quietud, una sonrisa, vínculos, el descubrimiento de lo ínfimo y de lo eterno efímero.