Walangaan, en wolof, significa «el agua que corre a raudales». En el escenario, una cantante y un percusionista senegaleses exploran con complicidad la metáfora del agua, sus sonoridades y sus reflejos. Sus cuerpos y sus voces se convierten en instrumentos. El agua cae, chapotea, hace cascada, centellea, gotea, fluye, salpica, limpia... y a veces también escasea. Regaderas, barreños, bidones, espejos acompañan esta travesía sensible. Un momento de teatro musical inmersivo donde la simplicidad abre de par en par la puerta al asombro.
El espectáculo recibió el premio de la Ministra de Cultura, Bénédicte Linard, en el Vitrine Chanson y Música joven público en octubre de 2023.
Domingo 29.11, ¡cita para un domingo en familia en Marte!