No importan las razones por las que alguien decida acabar con su vida, es un tema polémico y una cuestión de debate ético, religioso, médico, económico, sociológico y político.
Aun así, nadie escapa a las reflexiones sobre su propia muerte. Con perspectiva (y mucha terapia), se impone una evidencia: abordar un tema tan pesado pasa por la ligereza y la distancia que ofrece el humor.
El espectáculo propone un marco en el que los espectadores y espectadoras están invitados a cuestionar su relación con el suicidio, a reflexionar más allá de los tabúes, a equivocarse, a darse el derecho de estar frustrados y frustradas, a reírse de lo trágico, tal vez a intentar comprender.